Alucinada me hallo... Una que pensaba que se manejaba medio decentemente con las llamadas TIC, y resulta que tengo que dedicar 16 horas (de reloj) a hacer un vídeo que no llega a los tres minutos... La autoestima a la altura del tobillo. Ahora entiendo aquella cancioncilla ochentera de The Buggles "Video killed the radio star", pero en este caso la que intentaba organizarlo era la teacher en vez de la estrella radiofónica.
Siempre he enriquecido mis clases con power points -últimamente prezzis- hechos por mí, motivado a los peques con Class-Dojo, enganchado a los mayores con Edmodo... pensaba yo que era una profe moderna... ¡No me queda "ná" que aprender!
Empecé a descorrer el estúpido velo de mi ignorancia al iniciar el curso, con tanto programa desconocido para tanta cosa interesante, pero el gran bofetón me lo he dado en este bloque. Hacer un vídeo... total, no será para tanto, si mis chicos de sexto del año pasado me hicieron uno por mi cumple... Cuando ermpezaba la cuarta hora delante de la pantalla comencé a plantearme que quizá me estaba oxidando un poco. A la décima, tras innumerables intentos de obtener algo prodcutivo, ya me percibía a mí misma como un ser del Pleistoceno. No obstante, intenté dilatar la meninge y en dos días conseguí comprender y utilizar más programas que en el resto de mi vida docente.
He aprendido que el vídeo es una herramienta fundamental a la hora de conectar con nuestros alumnos, de transmitirles exactamente eso que queremos. Y, lo que es más importante, cayó completamente el ignorante velo y me permitió entrever la cantidad de recursos que hay en la red dispuestos a echarnos una mano en todo el proceso de la enseñanza-aprendizaje. Ya soy capaz, al menos, de hacer vídeos entreverando preguntas y comentarios que puedan ayudar a mis alumnos. Un paso más dado (o un paso menos que me queda).
El centrarme para elaborar las rúbricas ha sido toda una experiencia ultraterrenal. Yo, que cuando tuve que elaborar once programaciones anuales sin ningún tipo de "ayuda" no fui capaz de llegar a comprender para qué servía aquello de las rúbricas, ya lo he entendido. Me ha parecido hasta útil. Aunque sigo viendo el mismo problema a la hora de utilizarlas: el preciado y escaso tiempo del que disponemos.
Me ha parecido genial el poder leer y aprender de los proyectos de otros compañeros. No tanto, todo hay que decirlo, el hecho de tener que calificarlos. Como ser del Pleistoceno no estoy capacitada en absoluto para enjuiciar ni valorar el trabajo ajeno; para eso están los expertos en la materia. Aún así, y excusándome en todo momento ante los autores, lo he hecho lo mejor que he podido.
En este momento del curso me encuentro aturullada, un exceso de información me nubla la vista. Hoy he leído unos 200 tuits relacionados con el congreso FC en Zaragoza y he sentido cierta envidia sana de todos los que han podido asistir pero, honradamente, he de reconocer que me sigo viendo a años luz de poder utilizar todo lo que voy aprendiendo. Muy probablemente el contexto educativo en el que habito sea una clave fundamental que no me deja ver la luz; habrá que ir evolucionando.
No me veo capaz de planificar un proyecto FC, me falta seguridad. Creo que uno puede entrar al aula con casi cualquier carencia, pero nunca sin seguridad. Y espero adquirir esta seguridad a través de la digestión lenta y pausada de todo lo aprendido, en cuanto la vida me deje 15 minutos libres para tomar aire y centrarme en lo que de verdad importa. El verano, el momento en el que empezar el proceso digestivo que espero me haga una mejor docente. Veremos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario